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domingo, 25 de abril de 2010

Qué estudia la Neuropsicología Infantil?

La neuropsicología  se sitúa en el cruce que componen la psicología y las neurociencias, e intenta explicar la base funcional donde se asientan los fenómenos normales y patológicos de la mente humana.
A lo largo de su desarrollo se han diferenciado tres líneas bien diferenciadas.
1-      Una neuropsicología de orientación neurológica a la que le importa conocer cómo funciona el cerebro, siendo secundaria la conducta.
2-      Una neuropsicología de orientación psicológica (neuropsicología cognitiva) que investiga los procesos psicológicos básicos, principalmente los cognitivos, de cuadros clínicos diversos, sin tener en cuenta el funcionamiento cerebral.
3-      Una Psiconeurologia que busca profundizar en las relaciones entre el cerebro y la conducta: se centra en descubrir los enlaces entre los procesos psicológicos y los sistemas cerebrales desde un abordaje interaccionista e interdisciplinar.


Las definiciones de Neuropsicología han sufrido algunas variaciones a lo largo del tiempo, según los diferentes autores que han trabajado estos conceptos.
La definición planteada por  Ortiz Alonso en 1997 (en Portellano y otros. 2000) representa nuestra posición actual: la neuropsicología es  “ la ciencia que estudia las relaciones entre el cerebro, la conducta y el medio amiente, tanto en situaciones de normalidad como patológicas”.

Para sintetizar, se ocupa de  conocer las consecuencias del daño cerebral sobre la conducta.
Estudia las funciones mentales superiores en relación con las bases neurofisiológicas y neuroanatómicas subyacentes. Estudia las afasias, apraxias, agnosias, amnesias, etcétera.
Utiliza por lo general un abordaje holístico. Se ocupa preferentemente de los fenómenos de la corteza cerebral.


La neuropsicología infantil

Como subcampo de la neuropsicología básica y aplicada encontramos a la neuropsicología del niño, neuropsicología  del desarrollo o pediátrica.
 Los neuropsicológos infantiles buscan diferenciarla de la disciplina de orígen reconociendo que si bien hay semejanzas entre el funcionamiento cerebral del niño y del adulto, existen también grandes diferencias.
La diferencia radica en que el infante, a diferencia del adulto, posee un “cerebro en evolución” y por lo tanto se presentaran más dificultades para analizar sus funciones cerebrales superiores, pues tienen un modo de expresión clínica menos especifica (Lefevre. 1989: Paterno y Eusebio. 2001).

Así, podríamos definir a la neuropsicología infantil como:

“La ciencia que estudia los cambios que se producen en los diferentes tipos de actividad mental en curso ontogenético en presencia de los procesos patológicos del cerebro”

Por lo tanto la neuropsicología del desarrollo tiene sus particularidades distintivas puesto que el funcionamiento del  sistema nervioso central del niño es diferente del adulto, el daño cerebral es mucho más generalizado en el niño y más localizado en el adulto.
 Por lo general los problemas cerebrales en el niño se expresan como un fallo en las capacidades comportamentales y en adquirir nuevas habilidades cognitivas, mientras que en el adulto que sufre un daño cerebral muestra más comúnmente un deterioro en las capacidades ya aprendidas (Manga y Ramos 1991). 

De esto se desprende que  para los futuros neuropsicológos infantiles  debe elaborarse una currícula propia, un plan de estudios que contemple una formación general en algunos temas y una  mayor especialización en otros.
No es posible ni deseable hacer una trasposición lineal de la neuropsicología del adulto a la infantil.
Es importante mencionar que se ha gestado, desarrollado y sistematizado - hace apenas unos pocos años-dentro de la neuropsicología del niño, una subespecialidad llamada neuropsicología escolar, neuropsicología del aprendizaje, neuropedagogía, neurodidáctica o neuroeducación, según el enfoque teórico-práctico en diferentes países.

La neuropsicología educativa se ocupa de la  “relación entre organización cerebral infantil,  el  desempeño académico  y la planificación del tratamiento de las deficiencias educativas”  (Manga y Ramos 1991). Y desde esta subespecialidad se propone obtener información específica con respecto al funcionamiento neuropsicológico del alumno en las áreas más determinantes para conseguir las metas deseadas a medida que avanza el desarrollo escolar.

En relación con la patología, se trata de investigar, diagnosticar y habilitar a los niños con trastornos generales o específicos de aprendizaje, problemas neurolingüísticos, torpeza motora, etcétera.
En 1988 Gerhard Preiss, catedrático de didáctica de la Universidad de Friburgo, propuso introducir una asignatura basada en la investigación cerebral y en la pedagogía a la que llamó neurodidáctica. Con esta nueva disciplina la pedagogía escolar y la didáctica general tienen que dar más importancia al hecho de que el aprendizaje se basa en procesos cerebrales y que los resultados cognitivos se amplían en forma paralela al desarrollo del cerebro infantil.
La neurodidáctica investiga las condiciones bajo las que el aprendizaje humano puede optimizarse al máximo.
Esta disciplina, en plena construcción,  implicaría un punto de encuentro entre las neurociencias y las ciencias de la educación, relación que se encuentra en sus comienzos (Battro, 2005).
Algunas de las investigaciones de la neuroeducación se están realizando en el área de los trastornos específicos del aprendizaje, como por ejemplo la discalculia (dismatemáticas), dislexia, digrafía, trastornos específicos del desarrollo del lenguaje (TEDL) entre otros.  Así, el estudio del cerebro dañado en el niño es un tema central para la neuropedagogía.

Cuando un niño presenta dificultades en la adquisición de la lectura, muy frecuentemente se habla de dislexia, pero es importante que en esos casos el niño sea evaluado por un neuropsicológo del desarrollo, para que el problema, si fuera necesario tuviera su tratamiento.
Los retrasos en el lenguaje oral suelen ser a posteriori indicadores de dificultades en el lenguaje escrito. Y esos son los indicadores a los que los docentes deberían estar atentos.

Si no hay indicadores sintomáticos en el lenguaje oral  hay que estar atentos a lo que  acontece durante la etapa preescolar, porque , en muchos casos, los padres logran advertir la ausencia de conciencia fonológica en su hijo mediante rimas.
Un niño que no puede distinguir entre tres palabras que rimen (silla, pastilla, canilla) correría serios riesgos de padecer deficiencias en la conciencia fonológica.
Si  padres, docentes y educadores pudieran tener un cambio de actitud respecto del reconocimiento del carácter patológico del cuadro disléxico, la neuroeducación  podría dar el paso principal para preocuparse y ocuparse de esta patología del desarrollo.

Durante los últimos años se han realizado muchas investigaciones tanto en el campo de  los trastornos del lenguaje como el área de las matemáticas.
La neuroeducación o neurodidáctica, intenta configurar el aprendizaje de la forma que mejor encaja en el desarrollo del cerebro; a la luz de los nuevos conocimientos de la investigación y de la clínica en neurociencias en torno a la enseñanza-aprendizaje, resulta muy claro que muchos supuestos educativos son totalmente elementales.
Los neurocientíficos describen el cerebro como un sistema activo que, con una base segura en conocimientos previos, llega al mundo e inmediatamente comienza a hacer innumerables preguntas al entorno.
Desde el nacimiento, los niños se dedican a descubrir lo que sucede a su alrededor. Durante mucho tiempo se ha dado por cierto que  la “potencia de aprendizaje” estaba genéticamente preprogramada. Pero experimentos de laboratorio con animales han demostrado que el patrimonio hereditario fija tan solo el equipamiento básico del plan de ejecución neuronal. La corriente de información de los órganos de los sentidos y las constantes interacciones activas con el medio circundante determinan después qué aprender y qué talentos individuales desarrollaremos.

Los resultados de los estudios en neurociencias nos permiten saber hoy que el cerebro conjuga el pensar, el sentir y el actuar en un todo.

A los niños, hay que transmitirles los conocimientos necesarios de modo tal que se adecuen a la forma de trabajar de sus cerebros. Y esto solo se logra cuando los docentes conocen “verderamente” el desarrollo neuropsicológico de los procesos de aprendizaje.
La investigación cerebral y las ciencias de la educación deben trabajar en estrecha relación.

Los presupuestos básicos para enseñar y aprender algo serían: motivación, interés, curiosidad, alegría.
Al estudiar el funcionamiento cerebral comprobamos que toda persona podría aprender desde el nacimiento hasta el final de su vida.
Por lo tanto, la neuroeducación, no solo implica ayudar a desarrollar nuevas metodologías de aprendizaje que tengan en cuenta a la neuropsicología del cerebro en desarrollo, sino también mostrar que una cualidad esencial del ser humano es la predisposición y la disposición para aprender, en definitiva, la neuroeducación agregara una nueva dimensión al proceso educativo (Battro, 2005).





La exploración neuropsicológica infantil


El objetivo central de la evaluación neuropsicología infantil es de que manera las funciones neurocognitivas se encuentran afectadas por patologías neurológicas en un cerebro en desarrollo y la identificación del nivel y calidad de las funciones que se encuentran preservadas.
El diagnostico neuropsicológico infantil no es un proceso sino una estructura. El concepto de proceso da una ida de secuencia temporal lineal, mientras que el concepto de estructura da la idea de un todo interrelacionado con posibilidades de hacer alteraciones en el orden, siempre teniendo en cuenta el paradigma holístico (aspectos biológicos, cognitivos, evolutivos, educacionales, socioculturales y neuropsicológicos) donde el centro es el niño en tanto sujeto individual (paterno y Eusebio 01)
El Neuropsicológo infantil debe integrar el resultado de las pruebas con el contexto de una evaluación más amplia, que en cuenta los aspectos ecológicos (Paterno y Eusebio 01). Manga y Fournier (1997) señalan que son cuatro los fines básicos de la exploración neuropsicológica infantil:

Fin diagnóstico (el más común): se trata de niños con daño cerebral o disfunción neurológica conocida para los que se intenta confirmar un diagnóstico.


Fin neuropsicológico: Exploración para detectar alteraciones neurológicas en cuanto etiología de trastornos cognitivos o comportamentales que impiden el progreso académico.


Fin educativo: Interés por conocer el perfil neuropsicológico de cualquier escolar con finalidad de adecuar planes y estrategias de intervención a las características propias de cada alumno.


Fin investigador: De donde pueden surgir perfiles neuropsicológico característicos de algunos trastornos cerebrales.
Son varios los autores que señalan que en el quehacer clínico so básicamente cuatro grandes grupos de niños los que se examinan a nivel neuropsicológico:


-Los niños que sin patología neurológica evidente padecen trastornos específicos del desarrollo de ciertas capacidades (disfasias,  trastornos específicos del aprendizaje, inestabilidad motora, etcétera.
Este sería el grupo más numeroso.

-Los niños que tras un desarrollo inicial “normal” sufren un accidente patológico que deja secuelas más o menos limitadas a ciertos sistemas funcionales.

-Los niños que padecen un hándicap menor de instalación precoz en la esfera cognitiva, motora o sensorial.

-Los niños evaluados bajo protocolo prequirúrgico y postquirúrgico en las epilepsias refractarias.

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